viernes, mayo 10, 2013

Trans-Mongolia, la travesía desde la frontera rusa hasta Pekín y la pesadilla del Gobi...

Mongolia…quién (amante de la aventura, de lo exótico, de lo que se sale de lo convencional) no ha pensado alguna vez en ese país? Evoca el pasado de sus guerreros, de sus conquistas, de lo basto de su territorio…y cómo no, para alguien como yo, el desafío de conocerlo y atravesarlo.
Así que me planteé este viaje con la idea de cruzar el país desde la frontera Rusa hasta Beijing (Pekín) en bicicleta y fiel a un principio, solo.
En este recorrido de norte a sur, hay que cruzar el desierto de Gobi, un territorio que se vuelve duro, exigente y sin compasión…sobre todo si se viaja solo.

Cuando comencé la travesía en la frontera rusa, en seguida me dí cuenta de que iba a ser más exigente de lo esperado. La bici se me hundía en una tierra reblandecida por las nevadas previas y con una orografía de colinas que formaban un sube y baja que me destrozaba las “patas” al final de cada jornada. Todos los que hayáis viajado con alforjas o con “bob” sabéis como cambia la percepción de una subida con o sin peso…pues si a esto le sumamos el hundimiento de las ruedas en la tierra, podréis haceros una idea de lo que hablo.
Todo se centraba hasta el segundo día en una cuestión física, la cabeza funcionaba bien. Las condiciones no eran muy buenas, ni del terreno ni de la climatología pero se podía soportar. Un viento fuerte y constante del norte me “ayudaba” en el avance, pero me helaba cuando paraba.
Esa noche el fuerte viento arreció, comenzó a soplar cada vez más fuerte. Yo no había llevado piquetas para la tienda, con la idea de utilizar piedras, la bici, el bob, etc..para fijarla, pero no había piedras ni nada que poder usar para fijarla, solo la bici por un lado y el bob por el otro. A la una de la mañana el viento (con ráfagas de hasta 105 km/h, medidas con mi anemómetro) rompió la tienda, al momento me quedé “envuelto” dentro de la tienda con sus paños, salí del saco, me calcé y salí al exterior para valorar y solucionar la situación. Con las ráfagas, la tienda flameaba muchísimo y sin saber cómo, por dónde, mi chaqueta de plumas salió volando…y la perdí. No fui capaz de encontrarla, porque en el momento en que la ví volar, estaba sujetando la tienda. Si en ese momento suelto la tienda para coger la chaqueta, podía haber ocurrido cualquier cosa. Bueno, solucioné la avería y me quedé sin chaqueta de abrigo.
El resto del viaje, con temperaturas que llegaron a -16º lo tuve que solucionar a base de ponerme todas las capas de ropa que tenía (y os aseguro que no eran suficientes…). Por las tardes no podía alargar mucho las jornadas porque en cuanto el sol bajaba hacia el horizonte, la temperatura caía muchísimo. Con lo que tenía que parar, montar la tienda (o encontrar nómadas) y meterme en el saco.
A medida que pasaban las jornadas, más me atacaba la soledad durante las noches, sobre todo esas primeras noches en las que no puedes dormir bien por el efecto del jet lag y por el temor de que el día siguiente sea como el que acabas de pasar.
En ocasiones la soledad te acompaña y te ayuda a entrar en “armonía” con lo que estás haciendo, con el territorio en el que estás, pero en otras ocasiones, esa misma soledad te ataca sin compasión y te hace sentir “idiota” por meterte en bacalaos de ese tipo…con la llegada del sol, todo se “calma” un poquito, pero mientras llega parece que se paren las horas durante la noche.
Se dice que las alegrías compartidas son el doble de alegría y las penas son la mitad de penas, pues cuando viajas solo y sobre todo en condiciones de este tipo, es al contrario..las penas son el doble de penas y las alegrías son la mitad de alegres.
Esto hizo que “sufriera” un poquito más las tardes y las alargara un poco con la esperanza de encontrar algún grupo de pastores nómadas y sus YURTAS (casa típica de Mongolia) calentitas y con la compañía de gente con la que poder descargar esas penas y esa soledad.
Los mongoles, sabedores de las condiciones y del rigor de su tierra, son muy hospitalarios…pero esto choca de frente con su tremenda frialdad (al menos con un desconocido que no habla su lengua). Una vez dentro, era complicada esa “convivencia”, porque ellos obviamente no hablaban inglés y porque no hacían por interactuar conmigo. Se limitaban a mirarme con curiosidad y a sonreir 2” por cada hora…pero aún así, agradecía esa compañía.
Por suerte, las encontraba.

Estaba deseando llegar a Ulaanbaatar para descansar un poquito y por ser un punto medio en el que el terreno comienza a cambiar, se vuelve más llano y se calienta mucho el ambiente.
Descansé, un día y comencé el recorrido hacia el sur. El terreno completamente diferente. Si, más llano…pero con la proximidad del desierto se vuelve más arenoso, polvoriento, sucio, monótono, rocoso en ocasiones, en definitiva…para mi desgracia (aunque de esperar..) más duro aún.
Recuerdo que durante las primeras jornadas en el norte pensaba que aquello era una pesadilla, bueno, la cuestión es que luego me ví deseando volver a esa pesadilla.
En ocasiones las ruedas se me clavaban en la arena o en tierra suelta, de modo que hacía imposible pedalear, o que aún pudiendo, el esfuerzo que suponía era desproporcionado con el avance que se lograba. Con lo que no había opción y tocaba empujar. Una tortura.
El sol también atacaba de “frente” durante el día…me llegó a quemar la piel al haber perdido la crema al caerme durante el “ataque” de un camello…si, si…el ataque de un camello.
Me paré delante de un par de camellos (distantes) para fotografiarlos…de repente uno empezó a correr hacia mí a paso cochinero, no amenazante, hasta que se paró a unos metros de mi. Yo pensé, Joder!! Que güay, así le puedo hacer una foto más de cerca, y de repente hizo una carga rápida, comencé a pedalear, vino por detrás y pisó o golpeó el bob (no lo ví exactamente) y eso hizo que yo cayera por un pequeño terraplén rocoso.
Fue una caída un poquito aparatosa, rompí 2 radios de la rueda delantera y algún golpe con las piedras, pero ahí se quedó el asunto.

Por suerte para mí, incluso en este territorio tan inhóspito encontraba nómadas con sus deseadas Yurtas. Eran como encontrar un oasis..se me alegraba el alma cuando en la distancia veía algún resquicio humano que rompía la monotonía del terreno y me hacía imaginar que pasaría una noche “tranquila”.

A pocas jornadas de llegar a la frontera, cansado de tanto desierto y de tanta soledad, decidí hacer una travesía hacia el este para encontrar la carretera que une la capital de Mongolia con la frontera china. Sabía que no era una carretera asfaltada, pero me imaginaba algo más acondicionado, más uniforme…,”menuda imaginación la mía”, después de 16 horas para recorrer 67 tortuosos kms, me encuentro con una “carretera” que me bajó la moral hasta por debajo de la suela de mis botas (vereis la foto).

Por fín llego a la frontera china, he sufrido mucho, muchísimo más de lo que hubiera deseado y de lo que habia esperado, pero por fín acabó esa pesadilla.
La entrada a China fue otro cuento, de la tremenda austeridad que se ve en Mongolia, se pasa en unos metros a la ostentación y a la opulencia chinas. Un cambio bestial…chocante cuando has estado tantos días respirando aquel ambiente.

La idea al comienzo de mi viaje, era viajar hasta Pekín haciendo algo de turismo durante el trayecto, pero..tenía tantas, tantas, tantas ganas de llegar a Pekín, que ese planning cambió y me limité a pedalear y pedalear sin pensar en nada más. Llegué a recorrer 474 kms en dos días, mi bicicleta volaba con la idea de que rodaba sobre asfalto. Solo con la idea de llegar cuanto antes…

Tuve que hacer un par de paradas obligadas…el monasterio colgante de Xuan Kong Si en Hunyuan y las grutas y los Budas gigantes de Yungang, cerca de Datong.

Por fín llegué a Beijing, la pesadilla acabó…solo me quedaba disfrutar de lo que en Beijing me esperaba y descansar.

Esto es brevemente, de un modo muuuuuuy resumido el viaje. No me he recreado en los momentos malos, porque entre otras cosas solo hubo uno…que empezó con la primera pedalada y terminó con la última hasta que salí de Mongolia. Una experiencia vital, que la recordaré de por vida…pero que me ha hecho sufrir más de lo que hubiera deseado.

En definitiva, saco en claro la capacidad que podemos encontrar en nuestro interior para vencer situaciones, para sobreponernos a las adversidades y sobre todo para no perder la ilusión y/o la esperanza de que todo puede (o tiene) que cambiar a mejor.
Si no fuese así, la gente como nosotros…estaríamos perdidos ahí afuera, verdad?
Suerte a todos en todas vuestras escapadas..sean donde sean, exijan lo que exijan.
Un abrazo…
One life, live it.

Aeropuerto de Ulaanbaatar...

Norte ondulado...

Pastores nómadas...

El preludio de mi noche penosa...

Sonrisas que chocan con la "tristeza" del territorio...

Avería (radio roto) en mitad de la nada...

...una aldea "agradecida", para llenar agua..

Atardeceres y luces espectaculares en el desierto...

                           
...mis "tesoros"...Yurtas calenticas...

Gurchas...(o algo parecido)

Té con leche y mantequilla...

Interior de una Yurta...

Aparatosa caída...(dos radios rotos)

Cabrón...

No hay abrigo...frío, mucho frío...

La auténtica salvación para la vida en este paraje...

Penuria...

"Carretera" principal que une la capital con China...

Traje típico (cotidiano) de mujer...

Acompañamiento típico de los nómadas (me gustaría poner el nombre, pero me lo comentaron y me resulta imposible de transcribir)

Compañía...tan de agradecer..

Yurta salvadora...

Arena...tierra...rocas, arena, tierra, rocas, arena...un suplicio para la bici...

Frontera china de Er Enhot...

Aldea china...

No tengo ni idea de lo que pone...pero me dió por ahí...

474 kms en dos días...deseando llegar a Pekín...

Mural en la carretera...

Monasterio colgante de Xuan Kong Si...

En la Gran Muralla, que por cierto parecía más grande... :)

Mural de los dragones del Templo de Shuri Kannondo...

Grutas y Budas de Yungang...eXpectaculares...

Templo de Yungang...

Contrastes en Datong...

Beijing, la entrada a la ciudad prohibida...

Farolillos de un restaurante chino...o restaurante como ellos dicen...

mas farolillos de restaurante "a secas"...

Panorámica de la ciudad prohibida...

Templo del carbón desde la ciudad prohibida...

Mercadillo en Beijing...

6 comentarios:

Iñigo Beorlegui dijo...

Eres y seguirás siendo un crack. Aunque se lee entre lineas los sufrimientos pasados, tu relato despierta en el más acomodado de los mortales - o sea, yo- un espíritu aventurero que nos mantiene vivos, aunque sea para vencer la rutina que nos hemos impuesto. Ni el desierto ni los camellos cabrones pueden contigo!

Marine dijo...

Muchas cenkius Íñigo, me han salido canas al hacerlo...y me volvieron a salir al escribirlo, juajuajua.

Marine dijo...

Muchas cenkius Íñigo, me han salido canas al hacerlo...y me volvieron a salir al escribirlo, juajuajua.

Anónimo dijo...

Hola ;aria pupas!
Últimamente te pasa de todo cuando haces algún proyecto, pero nos alegramos de que hayas vuelto sano y salvo tras algún "pequeño" incidente.
Estas cosas, lo que tienen, es que con el tiempo tiendes a recordar solo lo bueno y se ven las cosas desde otra perspectiva.
Las fotos eXpectaculares, como siempre... .
Si te da por venirte por aquí acuérdate de traerte ordenador y no te lo olvides, como siempre... jeje y nos enseñas más, vale?.
Bienvenido
C. Garranzo

Blog teste dijo...

Looking back when we've met in the hostel of Ulanbator I was just thinking where is that man now?!

You made it and amanzingly. Beautiful pics pal. I hope everything is fine with you.

Luis Rodrigues (lo brasileiro que tentou hablar espanol com unsted =)
http://www.manifestodoviajante.com.br

Jesus San Agustin dijo...

Interesante:)